jueves, 10 de julio de 2014

Lirio de Roma.


Aviso:  mientras lees mi siguiente mamarracho, titulado "Lirio de Roma", escuchate esta preciosidad de fondo https://www.youtube.com/watch?v=KHuOQZXNZww . La primera vez que escuché esta melodía, fue gracias al animé (AL ESTUPENDO ANIMÉ) "Elfen Lied",dejo el opening del mismo para que se te piante un lagrimón: https://www.youtube.com/watch?v=Nl4zXuMeT6g . encima está la esencia de Klimt impregnada, no se puede pedir más.


"El Beso" de Klimt. 


A continuación mi humilde textillo.


Las partituras arden, cada nota culmina transformada en  ceniza, caen apasionadas e indiferentes al suelo, se desintegran en un lapso armonioso, respetan sus tiempos al desgranarse. 
Mis ojos se deslizan entre las cuerdas de las arpas, están dentro de ellas, cada nota es un agónico e indescriptible giro que se torna vicioso, mis corneas adquieren carmesí, mientras toco el piano con mis manos ausentes. Casto Lirio… ¿Cuán benevolente eres?
La habitación es salpicada por  constelaciones, el cosmos de una clave de sol, la fugacidad del silencio de un tiempo, una escala hacia el infinito con bemoles y sostenidos. Pequeñas manchas  estelares cuyo punto de partida es un atril con hojas, con cinco líneas y cuatro espacios, moteadas de sensaciones cronometradas e improvisadas a la vez. Partituras empapelando el piso, lo que pisaba era magia pura.  
A medida que mi corazón palpita, un dulce céfiro  pinta  cuadros surrealistas. 
El primero me dio escalofríos.  Una niña de trenzas violetas, con camelias en sus cabellos delgados, frente a un cerezo en llamas, el fuego era de color azul, y los ojos de la niña eran el símbolo del ying y el yang. La niña sonreía, era una sonrisa retorcida, llena de locura, salida del infierno, con ansias de arrancarse sus pieles amarillas. Tenía en sus manos un ramo de flores desgastadas, sin vida. El cielo chorreaba sangre, había demonios colgando de abismos infernales como fondo, dichos seres se caían a pedazos, cangrenados y con rostros desfigurados. De la microscópica nariz  de la niña, caían larvas, había miles bajo sus zapatos rojos, retorciéndose, algunas reventadas chorreando una sustancia amarillenta y viscosa, similar al pus. El vestido que llevaba, color ciruela y con pintas malva,  parecía desgarrado. Pronto pude ver un espectro casi invisible detrás de ella, parecía hecho de humo,  tenía grandes garras humeantes, alzándolas con orgullo, en señal de dar su golpe final. 
Esa pequeña estaba condenada y sumergida en la locura de su destino infantil desquebrajado. La sonrisa se veía aún más demencial a medida que la miraba más de cerca.  
El segundo me dio nauseas. Eran tres sirenas nadando en las aguas del Pacífico. Las costillas resaltaban hasta salir de sus pequeños torsos de muñecas. Sus ojos negros estaban hundidos en sus rostros verdes, creando seis agujeros negros capaces de aspirar hasta el olvido. Sus senos parecían que fueron absorbidos por una aspiradora, sin vida, ni forma, solamente colgando sin la gracia de un adorno  en sus pechos, eran pasas de uva acuáticas. Los cabellos eran algas con sedimentos pegados en ellos, el verde brilloso resaltaba con el azul marino de fondo. Las cabelleras clorofílicas llegaban a tocarle las puntas sus colas de sirena, las cuales no estaban cubiertas de escamas del todo, lucían desgastadas.
 Una de ellas, la del medio, sonreía malévolamente, revelando unos dientes puntiagudos y amarillentos, similares a los de un Nosferatu con sarro. Tenía la lengua afuera, era larga y morada. Su nariz era totalmente normal. Ella alzaba sus  esqueléticos brazos en señal de amenaza, sus manos se veían delicadas, a excepción de las garras  descomunales capaces de arrancar un rostro de una caricia que nacían de ellas.
La otra sirena, situada a la derecha, era la más pequeña. En esas fosas que tenía como ojos, se escapaban fugitivas lágrimas monocromáticas. No tenía boca, ni nariz, esos ojos cubrían por poco todo su joven y empobrecido rostro, complementándose con el blanco y negro de su llanto. Divisando su marchitado cuerpo, pude ver algo que me impresionó, en el medio de su vientre, no sé que provocó en mí ¿Nauseas, tristeza, ira? No lo sé, fue inexplicable… O tal vez no del todo. 
De su ombligo oscuro se desprendía el brazo de un bebé, sus pequeños dedos estaban del todo estirados, como si quisiera sujetar una cuerda para salir de allí. Luego pude darme cuenta de otro detalle que produzco el mismo efecto en mí. La cara del pequeño tritón estaba tallada en el abdomen de la sirena. Sus ojos estaban cerrados con pequeñas arrugas a sus costados, la boca abierta en extremo, las facciones estaban muy detalladas, y se asemejaban a la de un infante. Un niño, de tal vez dos años, desesperado por querer escapar del marchito cuerpo de su madre.  
A la sirena restante le brotaba algo de la boca, una especia de espuma color moho. Sus ojos negros salidos del averno transmitían una furia inexplicable, como si todo el repudio del mundo estuviera concentrado en esos ojos. Se tomaba la cabeza con las manos, arrancándose sus cabellos. Su cola estaba más rasgada que las demás, con arañazos profundos… comprendí que ella misma lo pudo haber hecho con sus filosas garras.  
Alrededor de esas tres atrocidades  subacuáticas, había una innumerable cantidad de ostras. Al acercarme vi que no llevaban puestas hermosas perlas. En lugar de ellas, tenían grandes ojos,  iris como rubíes de fantasía, hasta las mismas  pupilas estaban inyectadas en sangre. 
El último cuadro fue ilustrado por esa brisa, con más calma y detenimiento que los anteriores, como si disfrutara ver mi cara perpleja de curiosidad y temor transformarse a medida de que se completara la obra. Iba de abajo para arriba, lentamente, disfrutando.
Una tela violácea sobre el suelo, lo primero que pude distinguir ¿Una manta quizá? La tela siguió su recorrido en vertical, según lo pautaba el céfiro. Tal vez se tratase de una prenda que vestía el personaje del cuadro; al ver como avanzaba la pintura no había duda de ello, se trataba de alguna especie de túnica o vestido. Al ver como el atavío se pegaba al cuerpo de este ser en acuarela, formando curvas y una forma refinada, pude comprender que se trataba de una mujer luciendo un vestido.  Luego apareció otro color sobre la prenda, como si se tratase de una capa que iba sobre en vestido, era un tono claramente sonrosado. Otro detalle que se aclaró fue el pie de un órgano, este siguió creciendo junto al vestido. Luego aparecieron unos delicados dedos, sobre las teclas del mismo ¡Sabía que era una mujer! Todo estaba completo, solamente faltaba el rostro de aquella misteriosa dama. Unos hermosos bucles rubios caían sobre sus hombros, el céfiro hizo el contorno de su cuello, delicado, fino, inspirado en un cisne ¿Quién era aquella mujer? Una pequeña boca, labios finos y rosados, suaves pétalos. Piel pálida y sin vida alguna. Estaba ansioso a que ese cuadro terminara, no sabía con que belleza podría encontrarme ¿Podría ser que aquella mujer sea…? 
Contorneaba las mejillas, no quería apresurarse en lo más mínimo, necesitaba verle los ojos para espantar mi duda de una vez.  
 Quedé seriamente confundido y atormentado al ver el cuadro completo ¿¡Qué significaba aquella expresión en su pobre rostro!? Sus ojos vagabundos miraban un punto ciego en el techo, ojos tristes, bañados en pena. Unas lágrimas expiatorias recorrían sus pómulos privados de color ¿Por qué estaba así? Caí de rodillas, como si la fuerza de su agonía me arrojara al suelo. El céfiro aún agregaba pequeños detalles, más lágrimas en sus ojos,  desparramándolas sobre su cara deshojada… y de pronto el cuadro tuvo un desenlace que me puso la piel de gallina; las pinceladas me tajaron la razón. Era ella… Cecilia de Roma… 
Dos pequeños diablos revoloteaban a  su alrededor, mostraban unos pequeños colmillos, sonreían jocosos al ver su sufrimiento. Estaban desnudos, exponían en su totalidad su piel rojiza y malévola, tenían una pequeña cola y dos cuernitos en sus cabezas calvas. Sus ojos amarillos se incendiaban de júbilo. Uno de ellos estaba sobre  la desdichada Patrona de la Música, sosteniendo una corona de espinas ¡Que abominación! ¿¡Cuándo terminaría este sufrimiento!? Sentí la necesidad de arrancarme las corneas de cuajo, y devorármelas de manera voraz, sin poder saborear la retina. Cuando de repente… el céfiro volvió…  ¿Acaso dije “un dulce céfiro” al principio? 
Los ojos de Cecilia se clavaron en mí, petrificados en mi pobre figura. Sonrió, como lo hacía la niña del primer cuadro, una sonrisa digna de una loca desdichada. Su rostro fue reprimido por una espiral, se deformó, y luego volvió a su forma original. Pero a medida que cada segundo pasaba su rostro tomaba más demencia. Las venas de la frente resaltaban como si fueran a explotar, sus ojos estaban fuera de órbita, enrojecidos, las cejas levantadas confundiéndose con sus cabellos rubios, la sonrisa retorcida con los dientes bien apretados ¡Creí enloquecer! No… ¡Ya estaba loco! Cecilia me señaló. Automáticamente los tambores empezaron a sonar, omnipotentes, pausados. Los diablillos salieron del lienzo y se dirigieron hacia mí ¿¡Qué era todo esto!? Me levanté, pero antes de que pudiera hacer otro movimiento, las cuerdas de las arpas me tomaron de los brazos. Cada vez que intentaba zafarme, me apretaban más. Mi sangre caía sobre las partituras, la blanca se volvió roja. Sentí mucho calor repentinamente. El cerezo en llamas estaba a mi derecha, al igual que la niña. Seguían saliendo larvas por su pequeña nariz, las mismas se metieron dentro de mis pantalones y luego bajo mi piel. Masticaban mi carne, se reproducían, ponían huevecillos. La niña clavo un ramo de margaritas blancas en mi pecho. Sus trenzas violetas bailaban al compás de su risa. Pronto las margaritas adquirieron un color carmesí. Los violines también comenzaron a sonar, estridentes, torturadores. De pronto sentí que de las arpas se desprendieron un par de notas, que me quemaban la piel. Eran las sirenas quienes estaban ejecutando “Pájaro Campana”. Las sirenas más violentas lo hacían, tiraban fuerte de las cuerdas, las notas salían a borbotones al igual que mi sangre. La pequeña sirena estaba en frente mío… de pronto comenzó a llorar frenéticamente en silencio. El pequeño brazo que salía de su ombligo empezó a retorcerse, la sirena se aproximo a mí, me pedía ayuda, sus inmensos ojos negros gritaban auxilio. Me tomó por los hombros suavemente. El brazo del niño se aferró a mi corbata firmemente, dejándome sin aire. La sirena lloraba sangre a chorros, se fusionaba con la mía. No podía respirar, mis ojos estaban por explotar ¡Este es el verdadero sufrimiento! La pequeña se desplomó sobre mí, y el bebé quedó colgando de mi corbata. Era una mezcla entre una salamandra y un niño, le chorreaba un extraño líquido verdoso de la boca y de la nariz; olía a vinagre y cebolla, sentí unas ganas inmensas de vomitar, y de hecho lo hice, sobre el infante. Este bebió mi vómito contento, y luego se puso a jugar con el cadáver de su madre ¡No podía creer lo que estaba pasando!   
Sumergido en un mar de locura por fin recordé… ¡Cecilia! ¿¡Dónde está Cecilia!? De pronto el piano que tenía detrás de mí comenzó a sonar… Esa melodía… Me mordí la lengua hasta hacerla sangrar. Cecilia tocaba Lilium… ¡Lilium! Aquella canción que provocó en mí ganas de suicidarme ¡Por aquella bendita canción comenzó todo! ¡Los fantasmas, el céfiro, los cuadros, mi demencia! La niña de trenzas violetas tocó la ocarina para acompañar mis deseos suicidas… Solamente dos compases más… Fin.
Las sirenas tiraron de las cuerdas del arpa. Mis brazos salieron volando por la sala, la sangre caía sobre mi rostro. De pronto el bebé salamandra vomitó sobre mis pies, estos comenzaron a desintegrarse, hasta mis rodillas. Podía ver como las larvas se retorcían sobre el ácido. Mi torso calló sobre las partituras. No grité ante tanta tortura, sólo observe pasivo mi final. La niña de trenzas violetas arrancó el ramo de margaritas rojas de mi pecho con suma violencia, se lo dio a los pequeños diablillos. 
Todos regresaron a sus respectivos cuadros… a excepción de… Cecilia. 
De pronto sentí que levitaba en el aire, levanté la mirada y vi su rostro. Era ella, la Patrona de la Música. Su rostro era el de siempre, encantador, pasivo. Me acarició suavemente el rostro, y me limpió la sangre con un pañuelo. Vi el cuadro donde ella estaba… No podía creer lo que veía. Los diablillos ahora eran tiernos ángeles de mejillas sonrosadas y cabellos albinos. Rápidamente vi los otros.  La niña de trenzas violetas… sonreía felizmente con los ojos entrecerrados, junto a un cerezo maduro, lleno de pajarillos cantarines. Llevaba en manos hermosas flores silvestres… una pequeña disfrutando un bello día.  
Las sirenas… tres hermosas mujeres, cuerpos torneados, ojos expresivos y verdosos, cabellos largos, sonrientes, pechos como ciruelas. Una de ellas con un perfecto bebé en brazos, criaturas marinas adorables… Un hermoso cuadro. 
Cecilia se aproximó hacia su lienzo conmigo en brazos. La luz estaba por apagarse, pero necesitaba ver que sería de mis restos. Entramos. Cecilia se sentó en su banquito, frente al órgano, conmigo en brazos. Me miraba tiernamente como a un niño indefenso. Los ángeles se aproximaron arriba de ella. Llevaban en mano una corona hecha de flores rojas… flores… ¡Las margaritas de la niña! ¡Mi sangre! Al ver que lo comprendí, Cecilia de Roma me sonrió. Mis ojos se estaban cerrando, mientras Cecilia tocaba Lilium para mí, esa canción que me transmitió  innumerables vicios, y ahora me trae paz… Casto Lirio ¿Cuán hermoso eres? 
La pintura se seca con la ayuda del céfiro, mis ojos se cierran, y Cecilia de Roma… vive en mí.           




















Cecilia de Roma: La Patrona de la Música.





Très bien II:  al margen de toda esta cháchara, esta vez mi intuición y mi bocho no me jugaron una mala pasada, aprobé la cursada de Teoría y Análisis literario con 9, estoy como si hubiera ingerido una gran dotación de flubber, estoy saltando para todos lados y bailando la polca de la alegría.






Texto: Camille Chico. 


10 comentarios:

  1. Antes de nada felicidades por tu buena nota. Elfen Lied es un anime bastante interesante, a la par que la adaptación de la novela Another. Lo comento porque he visto que tienes una imagen de Mei. xD

    Tienes una forma curiosa de escribir, me gusta.

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    1. Esas series están increíbles, junto con Mirai Nikki, esas tres son mis contemporáneas favoritas.
      Me alegra que sea de tu agrado, guapa. Abrazo c:

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  2. ¡Buenas! Ya sabes que amo con todo mi corazón Elfen Lied.
    He leído todo el texto con el opening de fondo y God, los pelos de punta. Me gusta como escribes :)
    Un beso ^^

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    1. Ow, que bueno que la combinación haya sido efectiva. Gracias, bella. Un beso para ti también♥

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  3. Extraño texto, en cuanto a la visiones tan elocuentemente escritas. Extraño e interesante. No me pareció un mamarracho.

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    1. Me alegra que así lo creas, joven demiurgo.

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