sábado, 16 de agosto de 2014

Por unas cabezas

Eran las siete de la tarde, ya podía sentir como la noche caía sobre mi pecho, y el dulce pesar de la niebla en mis tobillos y en mis bolsillos vacíos.
Ando por las calles de La Boca, húmedas, desoladas, con las luces apagadas; camino sin rumbo alguno, lento, acompañado de mi amiga de cuello largo y mis boletos perdedores también me hacen compañía. Un viejo tango emerge de improviso, no puedo distinguir de donde proviene ¿de los antiguos edificios? ¿De dónde sino? Hago como si no me importara lo importante y sigo tambaleándome sobre los fríos adoquines. La música continua, no importa cuanto avance, seguía sobre mí.
Estúpido, torpe, borracho, y solo bailo, la botella es mi compañera y la Luna llena es nuestro testigo, pausa, giro, dolor, giro, giro, pausa, dolor.
Por cada palabra de esa canción me brota una lágrima, cuando los violines suenan el corazón me duele, mientras danzo en los aires de mi soledad, en el perfume de mi vino. 
Oigo el trote de un noble potrillo, las herraduras rebotan sobre el concreto, primero rápido luego de manera sosegada.
Beso mi damajuana, bebo de ella, le lloro y le pido que no se acabe, por favor. Ni un alma por La Boca solo yo, mi vino, el paso del potrillo, la Luna, Gardel y el vago recuerdo de ella...
El vestido satén de color rojo brilló hasta dejarme ciego, y bailó con una violencia que me estampó contra el muro "Andate al carajo" lo último que escuché desprenderse de sus encarnados labios; no me dio un beso, pero las copas llenas de polvillo que traslucían por la luz del Sol volaron hacia mí, vacías... 
Me detengo, siento el dolor, el despecho, pausa y sigue el tango. Siento las espinas de las rosas negras que ella puso sobre mí.
¡Por Dios, Buenos Aires querido, consuélame!
La Luna está tan esplendorosa esta noche, tan como ella. Suena ese tango mucho más fuerte, sigo sin saber de donde sale, al igual que el paso de ese noble potrillo. Corro y trato de alcanzarte, querida Luna. Me mancha el corazón recordarla, tan preocupada, tan bella, su risita de golondrina que me empaña el alma de dulzura, marchan tres compases lentísimos y trágicos, me mancha el corazón con vino. 
Llueve en La Boca, lloro yo, y canto, mientras me emborracho, escapo de mis memorias, pero sin negar el recuerdo, refugiándome en la oscuridad de La Boca, tan iluminada a la vez, por ti, Luna. El hierro golpea más fuerte sobre las piedras.
"Por una cabeza de un noble potrillo, que justo en la raya afloja al llegar..." Su caminar tan pausado, me rodea por detrás, por eso corro, no lo veo, canto, lloro, bebo, miro la Luna y pienso en ella, en sus labios bermellón, en todo su amor "Su boca que besa, borra la tristeza calma la amargura..." ¡La necesito!
Loco enamorado perdido en La Boca, corro, salto, con la mente nublada por la borrachera, hasta suelto mi botella, desesperado la busco, no a ti licor, si no a ella. Mis bolsillos vacíos me pesan, mi corazón vacío me pesa "Cuantos desengaños por una cabeza..." 
El tango me arrastra, vencido; las notas de ese desenfrenado bandoneón son como telarañas que me aprietan los brazos, soy una marioneta alcoholizada que le baila a la Luna; pensando que tengo a mi mujer entre mis brazos, uniendo nuestros corazones en el celo musical. Flojos mis hilos y floja mi alma. 
"El tango esta lleno de despedidas" dijo tan bien aquel tipo que no me acuerdo el nombre. 
Me arranco los pelos de la cabeza, la quiero a ella y solo a ella. "¡Basta de carreras!" me dijo llorando, "Se acabó la timba" le juré, "Un final reñido yo no vuelvo a ver..." le mentí, "Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo. Yo me juego entero" y así fue... "¡Qué le voy hacer!" 
Las copas de cristal empolvadas, eran flechas apuntándome, su rostro de Luna decepcionado, "Andate al carajo" sus palabras, amada... "Quema en la hoguera todo mi querer..." 
El alma se me sale del cuerpo, el pecho agujereado por las gotas de lluvia. Tengo la sangre y las lágrimas hechas de licor, mis labios están morados, no sé si por el frío o por la vid.
Luna, divina Luna que me viste... ¡Oh Dios, que bella es la Luna! ¡Que bella es mi mujer! "Por una cabeza, si ella me olvida..." Explotan mil puñales dentro de mí, por aquel último bramido de la tensada nota hasta el sufrimiento.
Me desplomo sobre  los adoquines, sollozando, recordándola... El potrillo se detuvo, y el tango esta por terminar, retruenan los violines. Y en cuanto a mí... todavía... no lo sé... 

"¡Qué importa perderme mil veces la vida, para qué vivir!" (...)







Texto: Camille Chico

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